sábado, 15 de agosto de 2009

El Gran Día


Llegó el gran día.
El que he esperado ansiosamente todo este tiempo. Y comenzó como un día normal: me levanté de la cama (siempre cuidando colocar el pie derecho en el suelo antes que el izquierdo, solo por precaución) y caminé hacia la cocina a comer algo, me bañé, me cepillé y me puse ropa limpia para salir (con mucha tranquilidad pero la verdad es que las ansias me comían viva) conduje hasta la casa de mis padres a abrazarlos a ambos y a que me dieran su bendición. Entonces salí con mi madre a arreglarnos para la gala.
Mi teléfono sonó varias veces pero no debería hablar con él, hasta que fuese el momento apropiado.
En el salón de belleza recibí felicitaciones de cada persona que me dirigió la palabra, la verdad eran personas que ni conocí alguna vez y sólo me limité a sonreír y a repetir la palabra “gracias”.
Hoy es el día, mi gran día. Ése día con el que soñamos todas las chicas cuando fuimos pequeñas y añoramos tantas veces que fuese perfecto, como él.
Lo único que me borró esa sonrisa por cinco minutos, fue aquel mal peinado cortesía de el peluquero ¿es que todos son ineptos o yo soy la neurótica?. Por suerte eso fue arreglado y ya estaba preparada para lo que venía, aunque en realidad nunca estaré preparada del todo (como dije antes, los nervios me comían viva) pero esto es lo mas preparada que puedo estar.
Caminé por esa alfombra, con el vestido mas hermoso del mundo, con todos los ojos sobre mí, con mis manos sudando y el bouquet resbalando por el sudor y no había parte de mí que no estuviera sufriendo un terremoto de 10,0 en la escala de Richter (que es el estimado para el choque de un meteorito rocoso de 2 km de diámetro que impacte a 25 km/s, por suerte, sigo viva).
Lo miré a los ojos, con una mirada de complicidad de parte de ambos. Repetimos nuestros votos, las palabras volaban, o al menos yo lo hacía y en realidad no escuché nada de lo que el viejito estaba hablando, hasta que llegó el momento de decir “Acepto”
--¿Acepta usted… como su legítimo esposo… hasta que la muerte los separe?—me preguntó el viejito.
Miré a mi alrededor… todo estaba perfecto, justo como lo soñé, y era el momento de decir esa palabra, que estuve esperando, que practiqué tantas veces frente al espejo, era el momento…
--Acep…

Desperté para recordar que soy una pobre niña de 8 años, demasiado joven para casarme, incluso muy joven para pensar en chicos, no tengo ni idea de lo que es la escala de Richter y no tengo senos. Quizas no debería jugar tanto a las Barbies.

2 comentarios:

  1. Un gran gusto leerte, como siempre. Me ilusiona mucho que escribas tan bien a los 16 años.

    Sabes? He notado algo: Cada vez es mayor la cantidad de psicoanalistas que siguen tu blog y el mio. Ese hecho me hace Temer por tu cordura y por la mía xD.

    Un abrazo.

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  2. buenas giuliana... tenemos nuestro taller en la residencia la colonia por el circulo militar... si estan interesada en algo, comunicate con nosotros, por lo momentos a mi cell por que mi socia esta de viaje, mi cell es 04246037772....
    muy lindo tu blog.... saludos!!!

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