miércoles, 22 de julio de 2009

Conversaciones con la Muerte


Empecé a sentir un dolor punzante en el brazo izquierdo que se hacía cada vez mas agudo y se extendió rápidamente hacia mi corazón.
Sabía que estaba sufriendo un infarto.
Traté de levantarme de la cama pero no pude mantener el equilibrio y caí al suelo, donde grité desesperado por auxilio hasta perder la conciencia.

Se abrió ante mí una habitación oscura, vacía, solo contenía una chimenea, parecía bastante vieja. Pensé que estaba solo cuando de la oscuridad de una esquina apareció una mujer joven, se veía sorprendida, coma si no esperara visita.

-José Alberto ¿cierto? –Dijo y asentí con la cabeza- no te esperaba tan pronto. Parece que te sobrepasaste con el colesterol.

No respondí. Estaba muy confundido.

-No sabes quien soy ¿me equivoco?
Esta vez moví la cabeza en forma de negación. Tras un silencio dijo:
- Soy la Muerte.
Su expresión se tornó de simpática a seria. Yo permanecí en silencio, en ese momento supe que mis días habían terminado, sentí por un momento, el dolor de mi corazón agudizándose y me pasaron tantas cosas por la mente, demasiadas para describirlas.
-Aún no deberías estar aquí, toma asiento
Cuando aclaró eso me tranquilicé, y la habitación que antes parecía vacía, ahora tenía dos cómodos sillones frente a la chimenea. Ella hizo un gesto para que me sentara y obedecí. Mientras caminaba hacia el sillón, la detallé un poco: era una mujer de tez clara, cabello negro y ojos oscuros, llevaba un vestido blanco. Era bastante hermosa. Por mi parte, podría pasar por un ángel.
Una vez sentados, mi miedo empezó a desaparecer y me sentí más cómodo con la idea de estar acompañado por la muerte, no parecía que ella quería llevarme. Entonces, me dí cuenta de que estaba tomando café, no sé en qué momento lo consiguió, me miró y dijo con cortesía:
-Oh, lo siento ¿quieres uno?
No quería tomar café con la muerte pero al momento en que ella habló apareció una pequeña taza de café en mis manos y continuó:
-Entonces José ¿Qué te trae por aquí?
Por fin me sentí capaz de hablar y respondí:
-Estoy sufriendo un infarto.
-Con razón, eso lo explica todo –y agregó una cucharadita de azúcar a su café, se veía a leguas que estaba haciendo algo de su rutina-.
-¿Dónde estoy?
-Estás en el medio. Esa puerta que acabas de cruzar conduce al mundo de los vivos –señalaba algo detrás de mí, volteé y efectivamente había un puerta- y esta negrura a mis espaldas lleva al mundo de los muertos, que puede ser mejor o peor, depende de a dónde vayas -de repente escuchamos gritos distantes, ella miró alrededor desconcertada-. Parece que alguien te encontró en el suelo, muy pronto te irás, sabía que no era tu momento. Nada se me escapa –y me dedicó un guiño, me sentí aliviado-.
-¿Qué es lo que haces exactamente? –yo quería saberlo-.
-¿Qué crees tú que hago?
-Te llevas a las personas.
-Casi pero no exacto, me encargo de las personas que vivieron suficiente y ya deben pasar al otro lado, pero soy también como el comité de bienvenida, me encargo de traerlos y guiarlos hasta la puerta. Si no lo hiciera, se perderían. Los humanos son un poco tontos, sin ofender –rió y mientras hablaba yo la seguí detallando como lo hice antes y ella lo notó- ¿Qué pasa?
-Ehhm… no sé… creí que te verías distinta.
-Entiendo –soltó una pequeña carcajada- seguro que te imaginabas un esqueleto enorme vistiendo una tunica negra horrenda y una hoz –parecía tener sentido de la moda y del humor- lamento decepcionarte pero no soy fea o mala, soy algo que deba pasar. No soy un castigo, es la naturaleza de todo ser viviente. El momento de la fecundación es la condena, nacen condenados a muerte, lo demás es cuestión del tiempo que la vida quiera darte, o el tiempo que le permitas darte, pero tarde o temprano llegaré a buscarlos.
-Pues te ves bien –pensé que si era amable con ella me dejaría volver más rápido al mundo de los vivos-.
-También puedo ser horrible, puedo ser lo que yo quiera, tener la forma que quiera, cuando quiera y en donde quiera. Podría estar en cualquier lado y no me reconocerías.
-Es decir que visitas la tierra ¿verdad?
-Por supuesto, debo guiar a los moribundos, vigilar a otros y atrapar a esos espíritus que no quieren pasar el túnel –suspiro- es un trabajo duro, las personas no se cansan de morir, y cada vez son más. Debo estar en tantos lugares al mismo tiempo. En este momento de está atendiendo 6.865 personas y contando. Y con las personas matándose unas a otras ya me quieren quitar el trabajo. El humano es el único ser que mata por el simple placer de matar.
La conversación ya era, incluso, amena.
-¿Y los suicidas? –Pregunté con ironía-.
-Son bastante valientes ¿no?
No era la respuesta que esperaba.
-Yo no diría valientes, diría más bien cobardes. Porque no quieren enfrentar a la vida –dije-.
-¿No creerás que son cobardes cuando se entregan a mi sin siquiera saber como soy?, creo que son valientes, no cualquiera lo hace. Uno no sabe cuento ha sufrido otra persona, tal vez lo sufrido es más de lo soportable –miró la chimenea quedó en silencio un momento, luego continuó:- Son valientes los que se entregan mi por decisión, resignados los que me reciben sin más remedio y brutos y sanguinarios aquellos que se dan la tarea de ejercerme.
Se levantó de su asiento y yo hice lo mismo, caminó hacia una mesita que no había visto allí antes, colocó su taza ahí y me miró –mi taza desapareció de mis manos- y se dirigió hacia mí:
-Abrázame -extendiendo sus brazos-
No quería abrazarla pero mis brazos se movieron involuntariamente y la rodearon. Mi corazón latió fuerte por el temor.
-Parece que ya está funcionando –sonrió- algún día nos veremos de nuevo.
-Espero que no muy pronto
-No te preocupes. Cuando sea el momento.
Entonces, hizo un gesto, se acercó a mí como si fuera a besarme –“el beso de la muerte” ¡no!- pero antes de que lo hiciera, desperté en la habitación del hospital, y descubrí los labios de mi esposa en mi mejilla.

2 comentarios:

  1. Excelente, de verdad.

    Construyes los diálogos muy bien, no sé si con facilidad, pero te quedan muy bien.

    Un abrazo.

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  2. .:.

    interesante

    al principio me pareció trillado, la visita de la muerte y esas cosas, pero (siempre el pero) le diste tu toque, o tu "aporte"

    la muerte como alguien simpática

    woody allen tiene la muerte que visita al pana y juegan al ajedrez (como bergman en el séptimo sello) pero el de allen también es amable, aunque hombre

    nada, que quedó bueno el relato

    a mi me cuesta escribirlos con esa extensión


    saludos



    .:.

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