sábado, 11 de julio de 2009

Exigencia

El quinto grado fue un buen año escolar. Mi maestra, llamada Yajaira, sabía de mi “potencial” artístico –una de las pocas personas que se ha dado cuenta-. Ella recibía mis trabajos y siempre los halagaba.

Este era un 16 de octubre, Día de la Alimentación. Y para conmemorar la fecha, la profesora repartió una hoja a cada niño con un dibujo de los alimentos contenidos en la pirámide de la alimentación –mas recientemente, la pirámide fue cambiada por un círculo con porcentajes- para colorear. Cada alumno recibió su respectiva hoja y empezaron a pintar los dibujos de la manera que lo hace un niño de quinto grado. Para mi esa comida no parecía estar en buen estado.

Y yo, bastante arrogante en ese ámbito, mirando como la profesora recibía esos alimentos putrefactos con colores desparramados por toda la hoja sin respetar los límites y líneas negras, pensé –considerando que no tenía las mínimas ganas de colorear aquella colección de carnes, frutas y lácteos- ¿Para qué lo voy a pintar bonito? Entonces rellené los espacios con cuanto garabato rápido podía producir mi mano, llené algunos espacios en blanco –para disimular-, coloqué mi nombre en la hoja, y, satisfecha por el poco tiempo que me había tomado terminarlo, entregué mi dibujo a la profesora.

Yajaira, al revisar esa obra de arte de mi creación –mis propios “alimentos podridos”-, me miró un poco insultada y me mandó a repetir el molesto dibujo.

Tome una hoja nueva y realicé la misma gracia que en el intento pasado, obteniendo la misma reacción en la profesora.

Yo me disgusté por tener que repetir el mismo aburrido dibujo, así que me dirigí a mi maestra y le pregunté que por qué yo debía repetir mi dibujo si los demás estaban iguales al mío. Ella me miró y me dijo:
-Al que puede más se le exige más.

Dicho eso y comprendido, tome otra hoja –perdón por los árboles- y coloreé el dibujo con los trazos mas ordenados y el color que le correspondía a cada espacio.

Aprendí que nunca está de más exigirse a uno mismo, hasta alcanzar la perspectiva propia de la perfección.

1 comentario:

  1. Exigencia, disciplina... son virtudes que se han negado a acompañarme xD.

    Excelente escrito, Giuliana.

    Por cierto, el 5to grado también fue para mi un buen año escolar.

    un abrazo.

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