
En esta ocasión, y de visita por mi subconsiente, decidí que era el momento de dejar de vivir.
Estaba encima de lo que probablemente fuese un puente o una pared muy alta, pero ¿qué sentido tendría una pared en medio del mar? Por motivo a esa interrogante voy a contar mi experiencia como si lo que estuviese debajo de mis pies hubiese sido un puente, y probablemente lo era.
Entonces, era el momento, los últimos segundos de mi vida habían llegado y estaba contenta por aquello porque lo había decidido. Emocionada dí el último brinquito y empecé a descender con la aceleración de la gravedad, cada vez más rápido y cada vez más complaciente. En la caída, que parecía infinita disfruté de las piruetas en el aire que me permití puesto que en cualquier momento moriría.
Aquel momento no llegó y de repente ya no estaba cayendo, sino que estaba sumergiendome en el agua que yacía bajo el “puente” y ya me rodeaba del azul turquesa de que se tiñe el mar cuando todavía no es muy profundo. El paisaje exquisito alegró más el momento de mi muerte, aunque me inquietaba el hecho de morir ahogada pues mi plan era morir en la caída, miré los peces de colores y los arrecifes y el agua era dulce. Llegó el momento en el que me percaté de que a cada segundo descendiendo, el agua era más y más oscura mientras se acababa la luz, cuando ya todo era demasiado oscuro como para ver, cerré mis ojos, entre la negrura, ya pronto el agua inundaría mis pulmones y todo habría terminado.
Estaba encima de lo que probablemente fuese un puente o una pared muy alta, pero ¿qué sentido tendría una pared en medio del mar? Por motivo a esa interrogante voy a contar mi experiencia como si lo que estuviese debajo de mis pies hubiese sido un puente, y probablemente lo era.
Entonces, era el momento, los últimos segundos de mi vida habían llegado y estaba contenta por aquello porque lo había decidido. Emocionada dí el último brinquito y empecé a descender con la aceleración de la gravedad, cada vez más rápido y cada vez más complaciente. En la caída, que parecía infinita disfruté de las piruetas en el aire que me permití puesto que en cualquier momento moriría.
Aquel momento no llegó y de repente ya no estaba cayendo, sino que estaba sumergiendome en el agua que yacía bajo el “puente” y ya me rodeaba del azul turquesa de que se tiñe el mar cuando todavía no es muy profundo. El paisaje exquisito alegró más el momento de mi muerte, aunque me inquietaba el hecho de morir ahogada pues mi plan era morir en la caída, miré los peces de colores y los arrecifes y el agua era dulce. Llegó el momento en el que me percaté de que a cada segundo descendiendo, el agua era más y más oscura mientras se acababa la luz, cuando ya todo era demasiado oscuro como para ver, cerré mis ojos, entre la negrura, ya pronto el agua inundaría mis pulmones y todo habría terminado.
En mi oscura soledad y esperando mi muerte pensé en las películas y cuando la gente se muere, lo último que hacen es pensar en aquellas personas a las que aman. Por supuesto la primera persona que llegó a mi mente fue José Alberto, mi felicidad, lo amaba demasiado y ya nunca lo volvería a ver. Mi corazón latió fuerte. Mi padre y mis hermanos ¡No podía morir, no podía dejarlos!
El arrepentimiento llegó a cada parte de mi ser, me inquieté, tenía miedo de dejar de existir, ya no quería morir, no quería dejar de verlo, imaginarme a mí sin José Alberto y viceversa era como tratar de comprobar la teoría evolutiva, imposible. Y comencé a nadar hacía arriba con todas las fuerzas que me quedaban, debía luchar por mi vida, y más que por mi, por ellos. Aún llevaba los ojos cerrados y debía mirar cuanto me faltaba para llegar a la luz del sol ya que el oxígeno que guardaba no me duraría mucho más y estaba por agotarse en cualquier momento, entonces, abrí mis ojos.
El arrepentimiento llegó a cada parte de mi ser, me inquieté, tenía miedo de dejar de existir, ya no quería morir, no quería dejar de verlo, imaginarme a mí sin José Alberto y viceversa era como tratar de comprobar la teoría evolutiva, imposible. Y comencé a nadar hacía arriba con todas las fuerzas que me quedaban, debía luchar por mi vida, y más que por mi, por ellos. Aún llevaba los ojos cerrados y debía mirar cuanto me faltaba para llegar a la luz del sol ya que el oxígeno que guardaba no me duraría mucho más y estaba por agotarse en cualquier momento, entonces, abrí mis ojos.
Los seres que realmente amas...


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