
Aquellos tiempos en que a los campesinos se les tostaba la piel debido a las horas que pasaban trabajando bajo el sol. Y los nobles, al no realizar los trabajos en el campo, poseían una piel tan blanca que, a través de ella, se podian observar las venas que aparentaban llevar sangre azul con claridad, tan importante era esta característica que los aristócratas se escondían del sol.
En esos días, una joven doncella, poseedora de la sangre añil, andaba cabalgando por los ríos y jardines del lugar.
Esta tarde era gris, llena de nubes y la humedad se sentía en el aire.
Pasó por los rosales que conformaban aquel edén disfrutando de la magnificencia de aquellos paisajes que la rodeaban, observó los árboles con sus familias de aves cantando y revoloteando es sus nidos, incluso tomó algunas manzanas de los manzaneros que se alzaban allí.
Cuando comenzó a llover, el olor de lluvia inundaba su nariz. Ella no pensó que fuera un problema. Es mas, le encantaba la lluvia. Pero esta se convirtió en una tempestad. Y los rayos y relámpagos turbaban al corcel que la llevaba.
Tanta era la inquietud del caballo al oír los truenos que la joven sentía no poder dominarlo, corría a tal velocidad que todo a su alrededor parecía estar en movimiento y todos esos colores de la vegetación del jardín estaban mezclados. Intentó aferrarse fuertemente a las riendas empapadas. Pero al pasar junto al río, ella perdió el control y calló en el torrente, golpeándose fuertemente en la parte detrás de su cabeza con una roca.
En esos días, una joven doncella, poseedora de la sangre añil, andaba cabalgando por los ríos y jardines del lugar.
Esta tarde era gris, llena de nubes y la humedad se sentía en el aire.
Pasó por los rosales que conformaban aquel edén disfrutando de la magnificencia de aquellos paisajes que la rodeaban, observó los árboles con sus familias de aves cantando y revoloteando es sus nidos, incluso tomó algunas manzanas de los manzaneros que se alzaban allí.
Cuando comenzó a llover, el olor de lluvia inundaba su nariz. Ella no pensó que fuera un problema. Es mas, le encantaba la lluvia. Pero esta se convirtió en una tempestad. Y los rayos y relámpagos turbaban al corcel que la llevaba.
Tanta era la inquietud del caballo al oír los truenos que la joven sentía no poder dominarlo, corría a tal velocidad que todo a su alrededor parecía estar en movimiento y todos esos colores de la vegetación del jardín estaban mezclados. Intentó aferrarse fuertemente a las riendas empapadas. Pero al pasar junto al río, ella perdió el control y calló en el torrente, golpeándose fuertemente en la parte detrás de su cabeza con una roca.
El dolor era fuerte, los árboles sobre ella simulaban dar vueltas y bailar alrededor de lo que era su muerte. Y allí desfalleció sobre la piedra que le había quitado su conciencia y pronto su vida, mientras se desangraba en el agua y su piel se albeaba aún más.
El río, afligido por la muerte de la hermosa muchacha, empezó a teñirse del azul de su sangre y al desembocar en el mar lo manchó con tan sólo los casi cinco litros de fluido que llevaba la joven en su ahora exánime cuerpo.
El río, afligido por la muerte de la hermosa muchacha, empezó a teñirse del azul de su sangre y al desembocar en el mar lo manchó con tan sólo los casi cinco litros de fluido que llevaba la joven en su ahora exánime cuerpo.


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